Discos que cumplen 50 años

Una pequeña reseña de algunos de los tantos discos fundamentales del rock que están cumpliendo 50 años en este 2022, discos que suenan contemporáneos grabados en 1972:

Aquelarre Aquelarre – Probablemente el mejor de los debuts que siguieron a la desbandada de Almendra. Emilio del Guercio y Rodolfo García, base rítmica del cuarteto, fundaron con Héctor Starc (guitarra) y Hugo González Neira (teclados) un grupo arraigado desde el nombre en el nuevo rock mundial. Desde la apertura con “Canto”, la inusitada dinámica grupal y el timbre aterciopelado de del Guercio hicieron de Aquelarre el más serio aporte argentino al rock progresivo.

Black Sabbath Vol. 4 – El cuarto álbum de Sabbath iba a titularse como su sexto tema, “Snowblind”, pero el sello grabador bajó el pulgar al detectar una alusión a la cocaína. Es que, si los combustibles del inicio fueron el alcohol y el humo dulce, en 1972 el polvo blanco se adueñó del grupo. El cambio de ánimo produjo un disco más oscuro – sombrío, con los primeros rebajes audibles en la balada “Changes” y tracks oscuros como “Under the Sun”, cuyo riff introductorio es la primera manifestación de doom metal.

Color Humano Color Humano – Si Aquelarre aludía a un comité de brujas, Color Humano les hacía mayor justicia en la apertura de este disco, que suena como el bluesman Skip James tocando un huayno con las voces de Edelmiro Molinari y Gabriela en trance. David Lebón, aquí baterista, hace ecos en “Larga vida al sol”, una baguala en ácido. Y estalla el power trío en “Sílbame, oh cabeza”, donde Edelmiro tiene las manos de Hendrix y el balbuceo de Goyeneche. Disperso pero efectivo, Color Humano es un disco que amerita relecturas profundas.

Deep Purple Machine Head – ¿ Como superar el disco que guarda bajo su manga el riff con el que los guitarristas aprendieron a gatear? Pero aparte de “Smoke on the Water”, Machine Head incluye la clínica de blues en “Lazy”, los meneos de hard-rock en la pasarela de “Maybe I’m a Leo”, y la velocidad inédita de “Highway Star”, que fue la escuela de rock de músicos como Joe Satriani y Steve Vai, con el solo barroco de Ritchie Blackmore incluido.

Pappo’s Blues Volumen 2 – En su segundo opus, Norberto Napolitano se convirtió en Pappo: un guitarrista riffero, autor de letras involuntariamente graciosas que solo él podía cantar. Por clásicos como “El tren de las 16” y “Blues de Santa Fe”, Volumen 2 lo colocó en el mapa del rock y es quizás su disco más importante. Pero la clave está en “Llegará la paz”, un heavy metal “pacifista”, introducido por un entusiasta ¡yupi yupi! donde Pappo encuentra su álgebra vocal: balbuceo a la Ozzy + amenaza pulenta.

The Rolling Stones Exile On Main St. – Huyendo de la Afip inglesa, los Stones se escondieron en el sótano de una mansión al sur de Francia y encontraron esta obra maestra. Después, perdieron el mapa y se volvieron rolingas. Pero quedan las canciones; algunas, con nombres que evocan el infecto sótano (“Ventilator Blues”, “Turd on the Run”) donde llegó a funcionar un cuartel nazi. Gram Parsons los visitó para darles un shot country en “Sweet Virginia”. Y viviendo juntos, de tocar y tocar, salieron cosas como “Soul Survivor”.

Pescado Rabioso Desatormentándonos – Aunque Desatormentándonos es un boceto de lo que hará Pescado con su mezcla criolla de hard, psicodelia y surrealismo spinetteano, su frescura punk salva hasta los titubeantes tracks progresivos del lado 2. Spinetta se muestra exultante con su poderoso grupo en “Blues de Cris”, orejea el futuro en “El jardinero” y, junto a Bocón y Black Amaya, aprovecha el tono exploratorio en “Dulce 3 Nocturno”, una brumosa balada folk que habría volado el bigote de David Crosby.

Lou Reed Transformer – Lou caía en picada desde el cenit de Velvet Underground cuando Bowie lo rescató en una producción con glamour de época. Y Transformer resultó un éxito rotundo en donde las mejores canciones suenan como un VU aerodinámico. “Vicious” es “Sweet Jane” con rímel; “Perfect Day” es “Candy Says” rebajada con el ennui de Jacques Brel, y “Walk on the Wild Side” es la broma contracultural perfecta: un listado de las malas compañías de Lou que se oyó hasta en supermercados.

El disco que inventó los fogonazos. ¿Quién podía imaginar, años atrás, una ronda de luna llena sin un modesto violero orejeando las tríadas de “Necesito”? García y Mestre grabaron 33 minutos que vendieron lo impensado y pusieron al rock nacional en el mapa. ¿La clave del éxito? “Pobreza voluntaria y gran poderío conceptual”, dijo Fabián Casas. El “una que sepamos todos” nació aquí.

 

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